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jueves, 7 de septiembre de 2017

EL FANTASMA DE LA CASA ZORRILLA EN VALLADOLID.



El más famoso de los lugares encantados situados en la capital vallisoletana, es el que podemos encontrar en la Casa Zorilla, en donde el genial poeta y dramaturgo pucelano pasó una buena parte de su infancia, y en la que aseguró haber visto el espíritu de su ya fallecida abuela Nicolasa. Lo realmente interesante de este misterioso enclave es que el propio Zorrilla dejó constancia de su experiencia en una obra escrita en el 1880, Recuerdos del Tiempo Viejo, en la que podemos leer esta valiosísima información:

Una tarde, mientras mi padre dormía la siesta y mi madre arreglaba los trastos en el comedor con las criadas…. creí ver a alguien en el sillón de brazos; suponiendo que sería Bibiana que dormía también su siesta a escondidas de mi madre, empujé y abrí del todo la puerta: una señora de cabello empolvado, encajes en los puños y ancha falda de seda verde, a quien yo no había visto nunca, ocupaba efectivamente el sillón, y con afable pero melancólica sonrisa me hacía señas con la mano para que me acercase a ella…

… me acerqué a ella sin miedo ni desconfianza, y puse mi mano derecha entre las dos suyas, que me alargaba sonriendo. Me dio ella primero una palmadita muy suave con su derecha en la mía, que posaba en su izquierda, y pasándomela después por mi suelta cabellera…, me dijo con una voz que no sabré explicar dónde me resonaba, si en el corazón, en el cerebro o en el oído: Yo soy tu abuelita; quiéreme mucho, hijo mío, y Dios te iluminará.

Estoy seguro de haber sentido el contacto de sus manos en las mías y en mis cabellos, y recuerdo perfectamente que sus palabras me dieron al corazón alegría
”.




La experiencia vivida por el pequeño Zorrilla fue impactante, tanto que nunca pudo olvidar este extraño acontecimiento y la imagen de una anciana que él nunca había visto con anterioridad, la cual se presentó como si fuese su abuela paterna. Pero la historia no terminó aquí, porque unos años más tarde pudo corroborar y darle sentido a esta aparición fantasmal acontecida durante su niñez. Así lo relata en el mismo libro:


"Nueve o diez años más tarde, en 1833… fui a Torquemada a reunirme con mi padre... Allí una tarde, registrando unos camaranchones de la casa vieja de nuestro apoderad…, tiré yo de una maraña de lienzos, manojos y restos informes y polvorientos de despedazados trastos, y di entre ellos con un lienzo sin marco, cuya pintura no se apercibía bajo una capa de polvo y telarañas. Mientras mi padre quitaba las de unos libros en pergamino que a las manos le habían caído, limpié yo mi lienzo con un trapo mojado, que fui a traer de la cocina; y al descubrir el retrato que en él hallé pintado, dije a mi padre: «¡El retrato de la abuela!»

Mi padre se volvió, miró el retrato y me dijo con extrañeza:

— ¿Pues de qué la conoces tú, si jamás la has visto?

— ¿No se acuerda usted—le contesté yo—de que siendo muy niño vi una señora que me dijo que era mi abuela, en el aposento cerrado de la antesala de nuestra casa de la calle de la Ceniza?

— ¿Y era esa?—exclamó con asombro mi padre.

— La misma: tengo su imagen en las pupilas—respondí yo.

— No lo entiendo—dijo mi padre, volviendo a ocuparse de sus pergaminos, no sé si con verdadera indiferencia o para ocultarme la expresión de su semblante.

Ahora pregunto: si no hubiera yo visto a la del aposento cuando niño, ¿hubiera podido reconocerla por su retrato diez años después?
”.




Aunque le cueste trabajo creer al desprevenido viajero que cada año recorre las bellas calles del casco antiguo de la ciudad de Valladolid, la presencia del espíritu de la abuela Nicolasa en la Casa Museo Zorrilla de Valladolid sigue siendo habitual y ha provocado más de un problema entre los trabajadores del lugar. No hace mucho tiempo tuve la oportunidad de viajar hasta allí y en una conversación con una de las guías del museo me vino a confirmar lo que yo antes había leído en los medios de comunicación y especialmente en la prensa escrita sobre los fenómenos acontecidos en la casa en donde nació Zorrilla.

Todo pareció comenzar en el 2007, cuando el arquitecto encargado de la remodelación del museo decidió quitar del circuito de visitas, la pequeña habitación de los huéspedes en la que Zorrilla había visto el fantasma de Nicolasa. Fue entonces cuando los trabajadores del lugar denunciaron unos sucesos que no podían explicar: las luces empezaron a encenderse y apagarse solas, los proyectores se ponían en marcha por si solos, se abrían los cajones, se rompían los espejos y desaparecían cosas para desesperación de unos trabajadores que entendieron a la perfección lo que allí estaba ocurriendo. A la abuela de Zorrilla no le había gustado la idea del dichoso arquitecto y por eso decidieron, por consenso, volver a poner su habitación en el circuito, para satisfacción de los visitantes que acuden hasta este lugar para sentir una experiencia más allá de lo normal.



domingo, 18 de junio de 2017

LEYENDA SIOUX. SI QUIEREN QUE SU AMOR PERDURE, VUELEN JUNTOS, PERO NO ATADOS.



Según una antigua leyenda Sioux, un día Toro Bravo, un valiente y honorable guerrero, y Nube azul, la bella hija del jefe de la tribu, llegaron a la tienda del anciano sabio de la aldea para pedir consejo.

Nos amamos –dijo el joven- y nos vamos a casar –añadió ella- Su amor era sincero, pero el miedo a perderse nos les permitía que la paz reinase en sus corazones, por eso rogaron al anciano que hiciese un conjuro o un hechizo, e incluso que les ofreciese un talismán para protegerles y así poder estar juntos hasta el día de su muerte. ¿Hay algo que pueda hacer por nosotros? Preguntaron finalmente. 

El anciano se emocionó mucho al verlos, tan enamorados y esperando su consejo con tanto sufrimiento por el miedo a perderse, pero sabía de los peligros que encerraba su insólita petición. Este era un reto difícil, y así se lo dijo a los jóvenes, pues suponía una gran sacrificio. Con la mirada nublada por la pasión, Toro Bravo y Nube Azul, aseguraron que nada les importaba y que harían lo que fuese necesario por consevar su amor. 

Ante la insitencia de los enamorados, el anciano le dijo a Nube Azul que marchase hasta el monte que estaba al norte de la aldea. Debía de escalarlo ella sola, sin que nadie le acompañase y sin más armas que sus manos. Tan solo debía de llevar una pequeña red para atrapar a un vigoroso y bello halcón. Cuandó así hubiese obrado debía de traerlo vivo el tercer día después de la luna llena. En cuanto a Toro Bravo, su misión no era más sencilla. Él debía de ascender hasta lo más alto de la montaña de ltrueno, y allí capturar a la más poderosa de las águilas pero sin dañarle ni hacerle ningún tipo de mal. Una vez hubiese cumplido su objetivo debería de traer al animal el mismo día que su amada.

Ahora, partan, dijo el anciano.

Los jóvenes se abrazaron con pasión y luego emprendieron su camino, ella fue hacia el norte, y él hacia el sur, deseando cumplir, lo antes posible, con las misiones encomendadas. Pasó el tiempo y el día señalado, los amantes volvieron a la tienda del anciano, cargando cada uno con el animal que le había sido pedido. 

¿Qué debemos hacer ahora? preguntó impaciente Toro Bravo, ¿Acaso debemos matarlas y beber su sangre?

No, respondió el sabio anciano.

¿Debemos comer su carne preciosa? preguntó Nube Azul.

No repitió el anciano. 

Lo que no podían imaginar era la respuesta que estaba a punto de ofrecerles el hechicero. Lo que debéis hacer es atarles por sus patas con estas tiras de cuero. Luego dejarlas, así podrán volar libres. Ante tan extraña petición, la pareja puso cara de incredulidad, pero no protestaron la orden del sabio. Con cuidado ataron las patas de las aves y enseguida las soltaron, pero como era de esperar, el aguila y el halcón nunca pudieron levantar el vuelo, cayendo continuamente en el suelo, revolcándose por no poder volar libremente. 

Tras muchos intentos, frustradas por su incapacidad para volar, empezaron atacarse con sus picos, hiriéndose de muerte. Ante lo dramático de la solución, el anciano advirtió a los enamorados con el siguiente consejo: este es el conjuro que me han pedido. No lo olviden. Ustedes son como el halcón y el águila, si os atáis el uno al otro, aunque sea por vuestro inmenso amor, viviréis el resto de vuestras vidas arrastrando un gran dolor. 

Si queréis que vuestro amor perdure, volad juntos, pero jamás atados.

viernes, 5 de mayo de 2017

LA PRUEBA DEL MÁS ALLÁ. ENTREVISTA A EBEN ALEXANDER.



En el 2014 un periódico de difusión internacional publicaba una entrevista al científico y neurocirujano Eben Alexander, autor del libro "La Prueba del Cielo" en donde relató la impactante experiencia que protagonizó en el 2008, mientras estaba en coma por una meningitis. Sus estudios permitieron comprobar que la conciencia es independiente del cerebro y por lo tanto que la muerte no es más que una simple ilusión ya que, según él, a todos nos espera una vida eterna y de esplendor, más allá de la tumba.

Su ECM provocó un cambio radical en él, al pasar de ser un ateo radical, convencido de que la muerte era el final del camino, a ser un científico cuyas investigaciones empezaron a dar esperanza a millones de personas que, tras leer su obra, se sintieron convencidas de la existencia de una vida después de la muerte, pero también de un cielo y un Creador omnipotente.

Indudablemente, el libro de Alexander fue duramente criticado por los materialistas extremos, como el neurocientífico Sam Harris, quien comenzó a difamarle tachándole de aplicar una metodología acientífica e inadecuada, llegando a sugerir que su compañero no sabía nada sobre la ciencia cerebral, algo que, desde nuestro punto de vista entraría en contradicción con el curriculum de este científico que, entre otras cosas, estudió en las Universidades de Carolina del Norte y en la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke, alcanzando el grado de Doctor, lugar en el que fue residente de Cirugía General, para después de certificarse en la Juan Americana de Cirugía Neurológica y el Colegio Americano de Cirujanos. Por si pudiese parecer poco, Alexander ejerció la docencia en la Universidad Duke, en Harvard, en Massachusetts y en la Universidad de Virginia, y ha llevado a cabo su carrera profesional en el Hospital de Boston, en el Instituto de Cáncer Dana-Farber, en el Hospital de Massachusetts y en el Hospital General de Salud Central de Lynchburg. 

Frente a estas críticas, el científico respondió en noviembre de 2012 con un contundente artículo publicado en Newsweek: "Mis sinapsis - los espacios entre las neuronas del cerebro que soportan la actividad electroquímica que hace esta función cerebral, no solo se vio comprometida durante mi experiencia. Estuvo detenida. Solo los focos aislados de las neuronas corticales profundas seguían con una pulverización catódica, pero no las amplias redes capaces de generar algo parecido a lo que llamamos "conciencia", pues las bacterias E. coli que inundaron mi cerebro durante mi enfermedad, se encargaron de eso. Mis médicos me han dicho que de acuerdo a todas las pruebas del cerebro que hicieron, no había manera de que funciones como la visión, la audición, la emoción, la memoria, el lenguaje o la lógica hubiesen quedado intactas."

Ante las preguntas del periodista, el doctor Alexander respondía que su concepción del cielo tras su propia ECM, se había visto influenciada por su tradición cristiana y su larga carrera como neurocirujano. Reconoce también que la reencarnación es necesaria para entender la naturaleza de Dios, y que la conciencia no se limita al cuerpo físico sino que se extiende más allá de la muerte física. 

Según el científico, el principal problema a la hora de afrontar la problemática de las ECM, radica en el enfrentamiento entre los propios científicos y la fe, pero solo entre los extremistas de ambos lados, los materialistas más intransigentes y los fundamentalistas religiosos, cuya miopía intelectual habría impedido ver las evidencias que nos proporcionan los pacientes que han sufrido una de estas experiencias.

Posteriormente, Alexander reconoció las dificultades por las que pasó después de salir del coma y contar sus propias vivencias. Las primeras contradicciones les afectaron de forma personal, porque como reconoce en la entrevista él era de naturaleza escéptica pero los hechos parecían demasiado evidentes. Sus exámenes neurológicos y las valoraciones de laboratorio, todas parecían apuntar en una misma dirección: su cerebro se había apagado y por lo tanto era totalmente imposible que tuviese cualquier tipo de actividad capaz de producir imágenes y sensaciones como experimentó, para él "Una meningitis tan severa como la que padeció era el perfecto modelo de la muerte porque destruye el neocórtex". Tuvo por lo tanto que aceptar, después de meses de estudios, que su experiencia no ocurrió en su cerebro, sino en un campo de realidad distinto. Desde entonces empezó a interpretar la realidad física de forma más mística, bajo su convencimiento en la existencia de un ser todopoderoso y pleno de bondad. En sus propias palabras "Dios está intrínsecamente ligado a nuestra conciencia, y a la eternidad de nuestras almas". El anterior científico, racional y experimental, dio paso a sur más humilde y menos temeroso de la muerte, dijo finalmente en la entrevista. 

Tampoco se olvidó Alexander de los casos de suicidios relacionados con las ECM. En este caso la revisión de sus vidas es trágica por acceder al conocimiento del amor de Dios y la pena que genera entre nuestros semejantes al vernos partir. Lo realmente curioso, afirma el científico es que los que intentan suicidarse y tienen una ECM, ya no lo vuelven a intentar jamas. 

 En cuanto a la idea del infierno Alexander ofrece una visión marcada por las influencias orientales y cristianas a las que hemos hecho referencia. La vida del humano debe de estar marcada por la compasión y el perdón, para ir ascendiendo en las distintas encarnaciones que tenemos hasta fundirnos con la divinidad. En nuestra libertad, si elegimos el camino incorrecto, y si provocamos dolor y sufrimiento a aquellos que nos rodean, se verá reflejado en la revisión de nuestras vidas después de nuestra muerte física. 

Curiosamente, esta última afirmación del neurocirujano nos aproxima de nuevo a la idea de ultratumba de la religión egipcia y de su famoso juicio para alcanzar la vida eterna. 

jueves, 6 de abril de 2017

APOFIS. LA SERPIENTE DEL INFRAMUNDO.

por Martí P. Coronado. Revista Más Allá de la Ciencia, nº 337. Abril de 2017.

La información arqueológica nos permite corroborar el mayor protagonismo que va a adquirir el faraón, al que los egipcios consideran como la imagen del dios solar Ra, a finales del IV milenio antes de Cristo. Además de cabeza del nuevo estado, jefe del ejército e intermediario con los dioses, el rey debía de garantizar el bien y establecer el Maat, un concepto que implicaba justicia, orden y bienestar, y esto sólo se conseguiría si tras su muerte conseguía acceder a la vida del más allá, por lo que los egipcios emplearon una buena parte de su tiempo en la elaboración de complejos rituales funerarios para combatir el caos y mantener la prosperidad de su pueblo. 

Una de las principales obligaciones del faraón consistía en la construcción de grandes templos dedicados a las deidades del panteón egipcio, como un acto de agradecimiento para conseguir un largo y próspero reinado. Algunos faraones vieron cumplidos sus ruegos porque a los treinta años de su reinado pudieron celebrar el festival de Sed, durante el cual se llevaban a cabo complejos rituales para renovar su fuerza y poderes sobrenaturales. Obviamente, no todos tuvieron la oportunidad de celebrar esta festividad ya que la muerte se cruzó en sus caminos, obligándoles a iniciar un largo y decisivo viaje porque de su resultado dependía la supervivencia de toda una civilización. 

Efectivamente, los egipcios consideraron necesario que su faraón fuese aceptado por los dioses después de su desaparición física, y por eso invirtieron enormes recursos para que el rey triunfase sobre la muerte, como el sol triunfaba sobre la oscuridad cuando los primeros rayos de luz asomaban por el lejano horizonte. Fiel reflejo de esta preocupación por conservar el Maat, fue la construcción de unas tumbas cada vez más espectaculares, pero para ello resultaba igualmente importante conocer las circunstancias de ese desconocido trayecto que debía de iniciar el difunto, similar al que llevaba a cabo el dios Ra cada noche, para vencer a todos los enemigos sobrenaturales que amenazaban con sumir a Egipto en un nuevo periodo de caos. 

Según la mitología egipcia, cada amanecer el dios Ra se embarcaba en una embarcación mágica, la Barca Solar, y sobre ella recorría los cielos acompañado de una tripulación formada por todo tipo de dioses. A mediodía, cuando el sol llegaba a su cénit, su fuerza era tal que iluminaba con fuerza el mundo de los hombres, pero cuando nuevamente llegaba hasta el horizonte por el Oeste, sumiendo a la tierra de Egipto en la oscuridad, Ra-Atum empezaba su viaje por el reino de la muerte en su Barca del Sol Nocturno, la cual era arrastrada por chacales y cobras sagradas. En esta nueva travesía, el sol de la noche se veía obligado a superar numerosos obstáculos, como los terribles demonios que guardaban unas puertas que no se abrían hasta que el dios Ra, o en su caso el faraón difunto, contestaba correctamente a unas misteriosas preguntas. De igual forma, toda una legión de extrañas criaturas se confabulaba para atacar a Ra-Atum, entre ellas la serpiente Apohis o Apep, la mayor y más temida serpiente de la Duat. Junto a Seth, ponía todo su empeño en evitar que la barca completase su recorrido para de esta forma alcanzar el nuevo día, y devolver la luz, el equilibrio y la paz al pueblo egipcio. Movida por su descomunal fuerza, Apohis atacaba la embarcación del dios del sol con la intención de romper el orden cósmico. Durante su trayecto, la serpiente atacaba directamente al barco solar, pero también solía culebrear para provocar bancos de arena donde el navío debía de encallar. 

Afortunadamente, tal y como pudieron comprobar los egipcios a lo largo de su milenaria historia, Apofis nunca resultó vencedora. Sin embargo, la serpiente que representaba al mal, nunca pudo ser del todo derrotada, dañada o sometida. Para los egipcios, su existencia era imprescindible porque sin ella el ciclo solar no podría haberse llevado a cabo con normalidad. Además, la mentalidad egipcia necesitaba materializar de alguna manera el concepto del mal para darle un sentido concreto al principio del bien y el orden. Los egipcios pensaron que los días en los que el cielo se teñía de rojo, era por causa de las heridas de Apofis en su lucha con Ra, mientras que los eclipses eran mirados con preocupación porque anunciaba una posible amenaza para la barca solar.

La batalla entre estas dos fuerzas antagónicas se debía llevar hasta sus últimas consecuencias, porque de su resultado dependía el futuro de Egipto. En caso de que Ra no saliese victorioso, las aguas del caos primigenio volverían a anegar la tierra y el reino de los dioses y el Maat desaparecerían para siempre. Poco a poco, el viaje de la Barca del Sol Nocturna iba llegando a su fin, pero el momento de mayor tensión siempre se producía durante el amanecer, cuando la lucha entre las fuerzas del caos y las del orden llegaba a su punto más alto, en un enfrentamiento en el que, invariablemente, resultaba victorioso el dios del sol. 

Algo semejante ocurría tras la muerte del faraón egipcio, un fenómeno crítico para un pueblo que esperaba expectante el resultado final de esta última prueba que debía de emprender el rey, identificado con Osiris. La posibilidad de alcanzar una vida después de la muerte fue, en un principio, privilegio del faraón durante las primeras dinastías de la historia egipcia, pero tras la caída del Antiguo Reino, observamos que la costumbre de situar inscripciones en los ataúdes, junto a planos del mundo de los muertos se generaliza, y así hasta alcanzar el Imperio Nuevo, en el que por fin cada egipcio es identificado con Osiris, y por lo tanto capaz de renacer en la otra vida, motivo por el cual se hacen enterrar con ensalmos escritos en papiro que debían recitar para superar las pruebas que les esperaban en su viaje. Conforme fue pasando el tiempo, estos escritos mágicos fueron recopilándose para dar forma a un libro, que consta de ciento noventa capítulos, los Escritos que serán realidad de aquí en adelante, más conocidos por nosotros por el nombre de El libro de los muertos.

jueves, 9 de marzo de 2017

LA MUERTE EN EGIPTO. RITOS FUNERARIOS PREDISNÁSTICOS.




por Martí P. Coronado. Revista Más Allá de la Ciencia, nº 336. Marzo de 2017.

La muerte en Egipto ha sido una constante a su nacimiento como cultura. Desde sus cimientos, sus habitantes desarrollaron una especial atracción por la búsqueda de una vida después de la vida, que les llevó a confeccionar un complicado ritual que se fue completando con el paso de los siglos hasta convertirse en el que conocemos. Estos son los detalles de la muerte en Egipto. 

En términos generales podemos definir el Egipto Predinástico como el periodo de tiempo comprendido entre la aparición de la agricultura y la ganadería, y la unificación del Alto y el Bajo Egipto bajo el reinado de Narmer hacia el 3050 a.C. Este periodo, fundamental para conocer la naturaleza del Egipto faraónico fue identificado hacia el 1896 por Jacques de Morgan, después de excavar diversos cementerios en la región de Abydos, pero fue responsabilidad de Petrie probar las teorías de su compañero excavando en los cementerios de Nagada, Abadilla y Ballas, reconociendo tres culturas distintas a las que más tarde dio el nombre de Amratiense, Gerzeense y Semainiense. Más tarde estos términos cayeron en desuso a favor de Nagada I, II y III, como periodos que presentan una auténtica unidad cultural pero con ligeras diferencias que justificaban un estudio por separado.

El predinástico primitivo está protagonizado en el sur por la cultura Badariense y en el norte como Fayum A o Merimdense. En el Bajo Egipto la población vive en cabañas circulares fabricadas con caña y no está constatada una auténtica jerarquización social. La excavación de sus lugares de habitación nos ha permitido saber que el excedente productivo se almacenaba en graneros colectivos pero para nosotros lo realmente llamativo es constatar la existencia de una creencia en la vida después de la muerte, entre otras cosas por la presencia de granos al lado de la cabeza de los difuntos, lo que indicaría un intento por parte de los vivos de asegurar la subsistencia de los muertos en la otra vida. 

En el Alto Egipto la cultura Badariense está datada en el V milenio a.C., y en términos generales no difiere en mucho de la de su vecina del norte. Para esta sociedad agrícola y ganadera, conocemos una gran cantidad de pequeños yacimientos que han proporcionado unas seiscientas tumbas, lo que nos permite, por vez primera en lo referente a la religión egipcia, comprender la importancia que tuvo el mundo de ultratumba. La mayor parte de los sepulcros son unos sencillos agujeros hechos en el suelo, que contienen una pequeña estera en donde se depositaba, sin mucho ornamento, el cuerpo del difunto. Habitualmente, el cadáver está en posición fetal y casi todos ellos reposando sobre su lado izquierdo, con la cabeza hacia el sur y mirando hacia el oeste. 

En las tumbas Badarienses es habitual la presencia de un tipo de cerámica fabricada a mano, pero de gran calidad, al conseguir unas paredes muy finas y cubiertas por un desengrasante orgánico. Estos interesantes vasos cerámicos se ponían a modo de ofrenda para acompañar al difunto en el viaje por el mundo del Más Allá. Estos primeros ajuares se irán haciendo cada vez más complejos en fechas posteriores, como en la cultura Nagada I o Amratiense, la cual comienza a principios del IV milenio y cuyos restos tan solo han sido encontrados en el Alto Egipto. 

El estudio del registro material nos permite suponer la inexistencia de una ruptura social con el Badariense, es más, las culturas de Badari y Nagada I coexisten en ciertos territorios, asimilándose para formar la primera civilización homogénea en el Alto Egipto. Afortunadamente para los estudiosos de la arqueología funeraria, la mayor parte de los yacimientos encontrados son cementerios, y algunos de ellos utilizados durante toda la época predinástica. Las excavaciones realizadas por Flinders Petrie, permitieron descubrir cerca de tres mil tumbas predinásticas, las cuales ofrecían una amplia información sobre la relaciones que estos primeros egipcios establecieron con el mundo del más allá. 

Las prácticas funerarias del Amratiense seguían las mismas pautas de las tumbas asociadas a la cultura anterior. El muerto era enterrado reposando sobre su lado izquierdo, en posición fetal o contraída, con la cabeza orientada hacia el sur y mirando hacia el oeste, lo que nos indica una posible creencia en la resurrección asociada con el culto al sol. Algunas de estas tumbas, especialmente las más tempranas, eran simples agujeros circulares y muy poco profundas, sin apenas diferenciación social, pero poco a poco empezamos a detectar un destacable aumento de individuos sepultados en tumbas más grandes y complejas. Las del yacimiento de Hieracómpolis destacan por su gran tamaño y su forma rectangular, habiéndose encontrado utensilios que podemos considerar como símbolos de poder. Durante esta fase de Nagada I se empieza a detectar la progresiva desaparición de la costumbre de enterrar a los muertos envueltos en una piel de animal, de cabra o gacela, propia de las primeras fases, por la costumbre de utilizar los primeros ataúdes de madera o arcilla...