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jueves, 9 de marzo de 2017

LA MUERTE EN EGIPTO. RITOS FUNERARIOS PREDISNÁSTICOS.




por Martí P. Coronado. Revista Más Allá de la Ciencia, nº 336. Marzo de 2017.

La muerte en Egipto ha sido una constante a su nacimiento como cultura. Desde sus cimientos, sus habitantes desarrollaron una especial atracción por la búsqueda de una vida después de la vida, que les llevó a confeccionar un complicado ritual que se fue completando con el paso de los siglos hasta convertirse en el que conocemos. Estos son los detalles de la muerte en Egipto. 

En términos generales podemos definir el Egipto Predinástico como el periodo de tiempo comprendido entre la aparición de la agricultura y la ganadería, y la unificación del Alto y el Bajo Egipto bajo el reinado de Narmer hacia el 3050 a.C. Este periodo, fundamental para conocer la naturaleza del Egipto faraónico fue identificado hacia el 1896 por Jacques de Morgan, después de excavar diversos cementerios en la región de Abydos, pero fue responsabilidad de Petrie probar las teorías de su compañero excavando en los cementerios de Nagada, Abadilla y Ballas, reconociendo tres culturas distintas a las que más tarde dio el nombre de Amratiense, Gerzeense y Semainiense. Más tarde estos términos cayeron en desuso a favor de Nagada I, II y III, como periodos que presentan una auténtica unidad cultural pero con ligeras diferencias que justificaban un estudio por separado.

El predinástico primitivo está protagonizado en el sur por la cultura Badariense y en el norte como Fayum A o Merimdense. En el Bajo Egipto la población vive en cabañas circulares fabricadas con caña y no está constatada una auténtica jerarquización social. La excavación de sus lugares de habitación nos ha permitido saber que el excedente productivo se almacenaba en graneros colectivos pero para nosotros lo realmente llamativo es constatar la existencia de una creencia en la vida después de la muerte, entre otras cosas por la presencia de granos al lado de la cabeza de los difuntos, lo que indicaría un intento por parte de los vivos de asegurar la subsistencia de los muertos en la otra vida. 

En el Alto Egipto la cultura Badariense está datada en el V milenio a.C., y en términos generales no difiere en mucho de la de su vecina del norte. Para esta sociedad agrícola y ganadera, conocemos una gran cantidad de pequeños yacimientos que han proporcionado unas seiscientas tumbas, lo que nos permite, por vez primera en lo referente a la religión egipcia, comprender la importancia que tuvo el mundo de ultratumba. La mayor parte de los sepulcros son unos sencillos agujeros hechos en el suelo, que contienen una pequeña estera en donde se depositaba, sin mucho ornamento, el cuerpo del difunto. Habitualmente, el cadáver está en posición fetal y casi todos ellos reposando sobre su lado izquierdo, con la cabeza hacia el sur y mirando hacia el oeste. 

En las tumbas Badarienses es habitual la presencia de un tipo de cerámica fabricada a mano, pero de gran calidad, al conseguir unas paredes muy finas y cubiertas por un desengrasante orgánico. Estos interesantes vasos cerámicos se ponían a modo de ofrenda para acompañar al difunto en el viaje por el mundo del Más Allá. Estos primeros ajuares se irán haciendo cada vez más complejos en fechas posteriores, como en la cultura Nagada I o Amratiense, la cual comienza a principios del IV milenio y cuyos restos tan solo han sido encontrados en el Alto Egipto. 

El estudio del registro material nos permite suponer la inexistencia de una ruptura social con el Badariense, es más, las culturas de Badari y Nagada I coexisten en ciertos territorios, asimilándose para formar la primera civilización homogénea en el Alto Egipto. Afortunadamente para los estudiosos de la arqueología funeraria, la mayor parte de los yacimientos encontrados son cementerios, y algunos de ellos utilizados durante toda la época predinástica. Las excavaciones realizadas por Flinders Petrie, permitieron descubrir cerca de tres mil tumbas predinásticas, las cuales ofrecían una amplia información sobre la relaciones que estos primeros egipcios establecieron con el mundo del más allá. 

Las prácticas funerarias del Amratiense seguían las mismas pautas de las tumbas asociadas a la cultura anterior. El muerto era enterrado reposando sobre su lado izquierdo, en posición fetal o contraída, con la cabeza orientada hacia el sur y mirando hacia el oeste, lo que nos indica una posible creencia en la resurrección asociada con el culto al sol. Algunas de estas tumbas, especialmente las más tempranas, eran simples agujeros circulares y muy poco profundas, sin apenas diferenciación social, pero poco a poco empezamos a detectar un destacable aumento de individuos sepultados en tumbas más grandes y complejas. Las del yacimiento de Hieracómpolis destacan por su gran tamaño y su forma rectangular, habiéndose encontrado utensilios que podemos considerar como símbolos de poder. Durante esta fase de Nagada I se empieza a detectar la progresiva desaparición de la costumbre de enterrar a los muertos envueltos en una piel de animal, de cabra o gacela, propia de las primeras fases, por la costumbre de utilizar los primeros ataúdes de madera o arcilla...

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